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Tras la salida de Farruggia, harán cambios en el Tribunal de Cuentas

El Gobernador le aceptó la renuncia al presidente del Tribunal de Cuentas. Es el único funcionario que estuvo con todos los gobiernos. Ahora Cornejo deberá nombrar al sucesor o sucesora. Pero al mismo tiempo modificarán la ley que regula a ese organismo. 

Carlos Salvador Farrugia, presidente del Tribunal de Cuentas, es un sobreviviente dentro del Estado. La valoración que ello implica corre por cuenta de cada uno. Es que ha permanecido en el mismo cargo con todos los gobiernos desde que retornó la democracia y, por el rol que tiene, con su firma ha avalado las acciones de todos esos gobiernos. Ahora, tras varios amagues, Farrugia renunció a su cargo para jubilarse y las cuentas de Cornejo, quien le aceptó la dimisión, serán las últimas que auditará.

La renuncia fue aceptada ayer, tras confirmarse que Farrugia no tendrá ningún problema para jubilarse con todos los beneficios que acarrea su cargo, que son idénticos a los de un juez: 82% móvil de un salario abultado por la función y la antigüedad. Fue nombrado por Santiago Felipe Llaver, el primer gobernador desde el retorno de la democracia, a quien había acompañado en las listas como candidato a legislador, cargo que ocupó hasta 1986.

Ahora Cornejo tendrá a su cargo el nombramiento del nuevo Presidente del Tribunal de Cuentas. Pero esa designación no vendrá sola: en el Gobierno preparan un proyecto de ley para reformar el funcionamiento del organismo para “modernizarlo” y darle más poder en algunos temas. Además, buscarán mejorar los controles en tiempo real. Los propios profesionales del Tribunal trabajaron en un borrador de proyecto. La salida física de Farrugia sería a mitad de año, con la ley nueva ya sancionada.


El sucesor

El sucesor deberá ser abogado. No será la primera designación del Gobernador en ese organismo, pues ya designó como vocal a Liliana de Lázaro, una funcionaria de su máxima confianza que lo había acompañado en Godoy Cruz y en la propia gestión que ahora le toca controlar. Cornejo ha repetido el patrón: en todos los cargos de organismos de control que le ha tocado cubrir, eligió funcionarios de su máxima confianza, a pesar de que por esa cercanía se pueda desconfiar de la imparcialidad de los mencionados. Ocurrió con la pripia Lázaro, pero también con Gabriel Miró en la oficina de Ética y con Dalmiro Garay en la Suprema Corte.

Pero no es una característica exclusiva de Cornejo, sino más bien una constante. En el propio Tribunal de Cuentas hay varios ejemplos de nombramientos políticos de ex funcionarios que tuvieron que “controlar” a quien los designó como jefes político. Ocurrió con los vocales Héctor Caputo y con Ricardo Petignano, nombrados durante gestiones peronistas para controlar gestiones peronistas.

El Tribunal de Cuentas es el organismo encargado de auditar los gastos del Estado, aunque con restricciones y limitaciones. Solo audita que las cuentas “cierren” y los gastos estén administrativamente justificados, sin valoraciones de conveniencia. Como sanciones el Tribunal puede imponer multas o “cargos” para que los funcionarios y empleados que no justifican los gastos paguen. A pesar de que las facultades están restringidas, hubo algunos intentos de avanzar sobre la calidad del gasto, pero quedó a medio camino. De hecho muchos fallos importantes fueron recurridos y anulados en la Justicia.

Cornejo le aceptó la renuncia a Farrugia a través del Decreto 209. “Acéptese la renuncia al cargo de Presidente del Tribunal de Cuentas, presentada por el Dr. Carlos Salvador Farrugia…designado por Decreto 4464 de fecha 24 de noviembre de 1987, condicionada al efectivo otorgamiento del beneficio jubilatorio”, dice el Decreto.

Fuente: MDZ


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