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Megasimulacro en México, un desafío para Mendoza

Dolor, pero también esperanza: Experiencia Macrosimulacro Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa.

Melanie Pía Garcia Bustos, es estudiante avanzada de la carrera Geógrafo profesional en la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo. Es representante del claustro estudiantil en el Consejo Asesor del Instituto de Geografía. Participa como alumna en el proyecto de investigación “Riesgos Ambientales, vulnerabilidades sociales, salud, y políticas públicas. El caso de Las Heras, Mendoza” de la Directora Silvia Robledo y en el Proyecto de Investigación “Problemas ambientales, configuraciones socio históricas. Conflictos, controversias y agendas sobre la cuestión ambiental en Mendoza” del Director Facundo Rojas.
Actualmente se encuentra realizando un viaje de Intercambio en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, Ciudad de México.

El miercoles 19 se cumplió un año de la tragedia del 19 de Septiembre de 2017, cuando a las 13:14:40 horas, ocurrió un terremoto con epicentro en Puebla de magnitud 7.1 Mw, en el que murieron más de 300 personas.

Se sentía en el aire una sensación de nostalgia, tristeza, un recuerdo vivo que volvía a la mente de algunos estudiantes de la UAM desde tempranas horas de la mañana. Se pudo ver banderas a media asta y pequeños actos protocolares que recordaban aquel suceso. Pero ¿cómo no sentir miedo en el fondo cuando todo estaba ocurriendo igual que hacía un Año?

La pregunta es “¿Qué aprendieron los mexicanos después de aquel día? “. Las clases se dictaron normales, y solo se escuchaban comentarios sobre lo que iba a acontecer a las 13:14:40 hs. Se apreciaba bastante sensibilidad, incertidumbre, preocupación por el dictado de clases, y aunque también hubo algunos casos de indiferencia, el respeto se hizo presente.


Minutos antes del Macrosimulacro, los alumnos tomaban sus celulares constantemente mirando la hora, el profesor, por el contrario, seguía con su clase habitual explicando el trabajo en equipo para el análisis de casos particulares y toma de decisiones, ignorando el aire de tensión que se percibía en el aula.

La clase fue interrumpida por los alumnos quienes pidieron que se hablara sobre la situación del aula en caso de sismos, independientemente de la actividad próxima a realizar. Este fue el motivo disparador de anécdotas personales, declaración de preocupación y hasta miedo departe de los estudiantes. Dichas declaraciones fueron interrumpidas al sonar la alarma que daba el inicio al minuto de silencio previo al macrosimulacro en memoria de las personas fallecidas un año atrás a causa del terremoto.

A continuación, comenzó la evacuación de manera ordenada por parte de alumnos y profesores. En el punto de reunión se podía percibir la sensibilidad, actitud de calma, incertidumbre y hasta recuerdos; aunque no faltaron las actitudes indiferentes y el oportunismo. Se escucharon diversas anécdotas personales y la comparación del simulacro del año anterior: se pudo notar mayor participación y mayor orden en la evacuación, aunque también se comparó una situación simulada a una real, y cuán diferente es.

La falta de confianza en las organizaciones públicas encargadas de actuar en estas situaciones, la acusación de culpabilidad a los agentes inmobiliarios, la desinformación de la población y la pública falta de presupuesto para prevención y emergencia; genera en las personas una actitud individualista, de descreimiento en los protocolos difundidos y la actuación a partir de la decisión personal de cada uno de los ciudadanos. Esto, potenciado por la gran cantidad de habitantes de México, genera caos y pánico colectivo que vuelve la situación aun más peligrosa.

A pesar de eso,  es positivo todo el trabajo realizado por parte de Protección Civil y todas las organizaciones encargadas de difundir información y preparar a la población para actuar ante diferentes amenazas; la coordinación entre las diferentes entidades y la creación de normativas que regulen la señaletica son acciones muy valiosas, aunque la falta de presupuesto dificulte su actuación.

La voluntad de las personas que dedican la vida a la gestión de riesgos, quienes dedican su vida a salvar a otras que consideran igual de valiosas; la solidaridad de la población y la fuerza que tienen los mexicanos se ha vuelto su mayor herramienta.

Aunque haya heridas que no cierran, y grietas que no se reparan, la unión saca adelante al país, que experimenta cada año un recuerdo vivo de lo que fue aquel 19 de septiembre. El gran desafío de todos y cada uno que queda por delante es aprender del pasado para poder actuar a conciencia en un futuro.


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