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La mentira de la meritocracia

¿Qué entendemos por mérito? ¿qué es la meritocracia? ¿Desde dónde sostener lo heredado ante un mundo con inequidad cada vez más evidente?

Por Juan Pablo Barrera

“Hay que evitar ser sommeliers de méritos y dejar de hablar de meritocracia”

Cada uno puede creer lo que quiera, pero interpretar al mérito dentro de la meritocracia sólo como producto de un esfuerzo individual sin tener en cuenta el contexto es por lo menos sesgado por la intención de no querer ver más allá.  

En primer lugar, habría que decir que existe una diferencia entre la meritocracia y el mérito. La primera hace referencia a un sistema de gobierno o sistema, simplemente, que se organiza de manera jerárquica de acuerdo a los méritos donde hay un predominio de valores asociados a la capacidad individual o al espíritu competitivo, tales como, por ejemplo, la excelencia en educación o deportes. Por su parte, el mérito es el derecho a recibir reconocimiento por algo que se ha hecho.


¿Sabes quienes quieren que se hable de meritocracia?

Los ricos de este país, los que toda la vida lo fueron, los hijos de los ricos de este país, los que se le abrieron y seguirán abriendo puertas, necesitan justificar la suerte desde donde les toco partir en esta vida como algo no fortuito sino como algo que se ganaron.

Al imponerse esta idea en la sociedad, se habla de meritocracia. La mayoría de los políticos que hace años son los mismos y que se aferran a cargos y jubilaciones de privilegio, los funcionarios elegidos a dedo, también los empleados del estado, el empleado público, el municipal, todos ellos que tienen un trabajo al cual accedieron sin ningún concurso previo.

Hablan de meritocracia, los recibidos en universidades públicas o privadas que no tuvieron que trabajar para poder completar sus estudios. Se creen, están convencidos o los convencieron que su mérito es mayor que cualquier otro que en realidad no tuvo las mismas posibilidades.

Hablan de meritocracia empleados de grandes empresas que son subsidiadas por el estado a las cuales se le perdonan deudas millonarias (mucho más que lo que se da en planes sociales), pero que dicen que los empleados públicos son parásitos, que los excluidos del sistema son el problema porque le es más “cómodo” ser excluidos.  Repasen los subsidios que les da y ha dado el estado a las empresas de este país.

Hablan de meritocracia los que accedieron a una vivienda o se la construyeron con un plan Nacional o provincial, gracias a los sueldos que ganan como empleados ya sea del estado o de la empresa a la cual el estado subsidia.

Hablan los grandes medios y los periodistas de meritocracia y esfuerzo mientras pululan por oficinas del estado en busca de pauta.

Sin dudas habrá merito en el esfuerzo de cada uno en aprovechar el lugar desde el que le toco arrancar, nadie quiere sacarle valor al esfuerzo de los padres de nadie, ni el que cada uno ha hecho, no quiero de ninguna manera hacer eso, como siento que se hace cada vez que alguien pondera el mérito en base a la meritocracia.

Mi propia historia está llena de agradecimiento al esfuerzo de otros, pero también me acuerdo que en el 94 a mi viejo lo echaron de YPF, técnicamente le “ofrecieron” el retiro voluntario como a muchos más acá en Luján y en Mendoza y no puedo pensar bajo la idea de meritocracia que mi viejo se esforzó menos que los que quedaron.  Pero cada vez que hablan de meritocracia, que se enojan por los planes que otros con menos suerte reciben, un poco que desvaloran a personas que probablemente se esfuercen todos los días más que uno y no pueden porque arrancaron de un poco más atrás y algunos muy atrás.

El mérito en un contexto general no es un valor, en el contexto particular puede serlo, pero querer evaluar el funcionamiento de toda una sociedad de acuerdo a los méritos individuales no me parece que ayude mucho a la empatía que se necesita para salir adelante en un país que hoy tiene más de 18 millones de pobres, que estoy seguro que el concepto de meritocracia lo único que hace es (otra vez) hacerle creer al que no es pobre que es gracias a su esfuerzo y al que es pobre es porque no se esforzó demasiado.

Deberíamos mirar un poco más allá de esta idea individualista del capitalismo que excluye por desmerito inexistente.

Nada de lo que cada uno haga en su esfuerzo por tener una vida mejor está mal, la idea no es condenar la voluntad de NADIE sino bajarse de cierta superioridad moral y meritócrata inexistente.

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