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“La Lujanita”, en Calle Cipolleti

Diario Luján te cuenta la más “Historias de Luján por lujaninos”.

Testimonio de José Mazziero. Abril de 2006.

A través de mis recuerdos, y acompañados por la nostalgia que me producen los mismos, voy a tratar de reseñar la historia de 27 años viviendo en la antigua usina llamada “La Lujanita”.

Obra de toma de agua Central Hidroeléctrica

En el año 1934 fue el día de mi nacimiento, a pocos días del aluvión que arrasó con el Dique Cipolleti, pero mis recuerdos afloran a través de los años de mi niñez, adolescencia y juventud.


Según el relato de mi abuelo, quien era encargado de la usina, y de mi padre, empleado en la misma, la obra se inicio en 1911 y finalizo en 1913, años en que se puso en marcha produciendo energía para abastecer las necesidades de Luján y también esta conectada al sistema provincial.

El lugar donde estaba ubicado el complejo se encuentra la antigua calle Las Tomas, actual Cipolleti, y se trata de una especie de isla entre el canal Cacique Guaymallén y los canales de carga y descarga de las turbinas.

Compuertas del Dique de Obra de toma

Como he explicado, mi abuelo, don Gabriel Medina, un inmigrante español de Andalucía, fue uno de los primeros operarios de La Lujanita que, en principio, pertenecía a un grupo Alemán denominado ANSEC y luego paso a ser de la empresa inglesa CELA, para terminar sus días como propiedad del Estado en la empresa Agua y Energía y EMSE.

El lugar en que estaba el complejo era un pequeño mundo apartado del resto de la comunidad pero cerca de todos, dado que se conocía en toda la provincia.

Había un huerto que era cultivado personalmente por mi abuelo y, posteriormente, por mi padre. En el mismo se podían encontrar, durante todo el año, verduras de todo tipo, las que eran usufructuadas por todos los integrantes del campamento.

En ese pequeño mundo, lleno de paz y tranquilidad, pasé mi niñez, adolescencia y juventud, en casas con grande patios de tierra a cielo abierto y rodeado de amigos nacidos en el mismo lugar, de quienes conservo un recuerdo imborrables a través de los años.

Una ves que mi abuelo se jubilo, paso a hacerse cargo de la central mi padre, don Ernesto Bruno Mazziero, un hombre simple, sencillo, que al tratarlo era, mas que jefe, amigo de todos los empleados.

Central Hidroeléctrica La Lujanita

Mi padre era hijo de un inmigrante italiano  de Venecia a quien yo no conocí, y mi abuela era Huarpe, doña María Montenegro, y de ella había heredado la humildad, la paz y la sabiduría de aquellos que hablan solamente cuando es necesario.

Este hombre, conocido como el “Negro” Mazziero, produjo una gran transformación en la pequeña isla y las barrancas del canal de descarga que, llenas de montes y piedras en estado natural, se transformaron, a través de su trabajo personal, en pircas de piedra en forma de escalones en los que se sembró alrededor de 3.000 plantas de rosas, que él podaba e injertaba personalmente acompañado por Joaquin Gimenez, un empleado.

Además hizo jardines en todo el perímetro con grandes canteros con césped y plantas de todo tipo: aromos, azahares, retamos, paraísos, ceibos. Adema sabía flores de estación como gladiolos, alelíes, pensamientos; o sea una variedad incontable de flores que adornaban y perfumaban el lugar.

A raíz de esto “La Lujanita” se convirtió en una atracción para todo aquel que pasara por su frente, se detenían a admirar las pircas y jardines quedando sorprendidos ante tanta belleza.

Pero en la década de los 60 la empresa Agua y Energía consideró que el mantenimiento de la usina no era rentable y decidió sacarla de servicio, siendo mi padre trasladado a la “Central San Martín”. El resto de personal fue ubicado en distintas reparticiones y “La Lujanita” paso a ser un recuerdo.

Turbinas y tableros de comando de la central 1910

Un recuerdo que para aquellas familias con las que compartí 27 años de mi vida, muchos de los cuales nacieron en el lugar como José Pérez, Julio Navarro, Joaquin Gimenez y Marcos Jofré, a quien llevaré siempre en mi corazón.

Como Epílogo, como muchos habrían visto el Diario Los Andes, hace poco estuve nuevamente en el lugar, lo que vi, me dejo sin palabras: un ejemplo cabal de desidia y desinterés de las autoridades que nunca hicieron nada para mantener un lugar que debería ser polo de quehacer turístico de Luján de Cuyo.

Los jardines de los que hable en párrafos anteriores se habían convertido en maleza, haciendo de aquel un lugar que me costo reconocer. Además, el edificio de la casa de maquinas ha sido destruido por vándalos.

Todo lo ocurrido al final del relato solo me trae a la memoria una frase de Atahualpa Yupanqui: “Siento un dulzor amargo cuando me acuerdo”.

Fuente: José Mazziero, “La Lujanita Calle Cipolleti”, en Ruiz Huidobro, “Historia de Luján por lujaninos”, volumen 1, Ed. Zeta Editores, Mendoza, 2008.

Acciones de la UNCuyo en La Lujanita

Desde diciembre de 2016, la Universidad Nacional de Cuyo recuperó el control del pequeño emprendimiento de aprovechamiento hidroeléctrico La Lujanita.

 

Si tenes testimonio, fotos, recuerdos que quieras compartir, comunicate con nosotros para recuperar y mantener viva la historia de Luján. Contacto


2 Comments

  • Daniela

    Hola! Qué hermosa nota!
    Soy la nieta de Marcos Jofre, y me dio mucha alegría leer este informe
    Gracias de parte de toda mí familia. Se los haré leer

  • humberto jose perez

    Soy Humberto José Pérez hijo de José Pérez fallecido en Enero de 1957, después de varios años desde 1974 hasta su cierre definitivo estaba integrada al Sistema Río Mendoza, junto las Centrales San Martín, Alvarez Condarco y Cacheuta, todas las mañanas les retiraba las planillas de generación y controlaba el libro de novedades de los turnos llevaba dicha información a la base de operaciones que se encontraba en Alvarez Condarco, tal cual dice la nota por demás muy buena estaban De Quiroz, Orlando Najurieta, Oreste Dragoni, Manuel Ortíz, Bastías, el Jefe en esos años era el fallecido César Rafael Robert, tenía además en excelente estado una cancha de bochas, se jugaba los sábados en la tarde, el lugar era una delicia por su frescura, ambiente y sana camaredería. Recuerdo que un sábado por la tarde llegaron en época de la dictadura los matones milicos y clausuraron todas esas actividades. Realmente un recuerdo imborrable para todos aquellos que somos parte de esos momentos.

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