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Falleció Rolando Concatti, el lujanino que eligió una vida por el humanismo y las letras

El lujanino falleció el sábado. Sus amigos lo describen como quien «suplantó el cómodo olor a incienso con el muy humano olor a intemperie”, para describir su humanismo.

Rolando Concatti, gran humanista y escritor
El fallecimiento del escritor, historiador y ensayista Rolando Concatti, conmocionó a los lujaninos.

Personalidad reconocida de la cultura, sus restos fueron despedidos el sábado por un nutrido número de familiares, amigos y compañeros de lucha en distintas actividades, que estuvieron presentes en su velatorio y en la inhumación de sus restos. El lujanino tenía 85 años.

Nacido en Luján de Cuyo en noviembre de 1933, y miembro de una familia tradicional, abrazó joven la vocación religiosa en la Iglesia Católica, destino clerical que sin embargo abandonó con el tiempo en desacuerdo con los postulados de quien conducían la curia local en ese momento. 

Así se alejó junto a otros religiosos que fueron conocidos como “los 27 curas rebeldes”, enrolados en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, entre los que se encontraban, además de otros, Jorge Contreras (que siguió misionando), Oscar “Braquio” Bracelis y Edgard Tarico.


Posteriormente se recibió de contador de la UNCuyo y continuó su militanacia en el campo social y los derechos humanos, accionar que encontró cauce en la Fundación Ecuménica de Cuyo, institución de la que cofundador, y en la que también participaba Annie van Leeuwen, de 87 años, presente ayer en el funeral para despedir a su antiguo amigo de ruta.

Fue cofundador de la Fundación Ecuménica de Cuyo con Annie van Leeuwen, de 87 años, presente también en el funeral.

Hacia el final de su vida, y antes que flaqueara su salud, trabajó con entusiasmo en el proyecto para consolidar un recorrido histórico integral de la provincia, la llamada línea del tiempo, que arranca en la prehistoria y termina en 2010.

Escribió ensayos y artículos políticos, y con anterioridad a convertirse en eximio novelista, publicó tres libros, “Nuestra opción por el peronismo; “¿Fin de la economía peronista?” y “Crisis y alternativas para el fin de siglo”.

Como antropólogo cultural, dejó novelas como “Nos habíamos jugado tanto” (1997); “Qué está de olvido y siempre gris” (2000), y la historia “a contrapelo” de las lagunas del desierto de Lavalle, “El tiempo diablo del Santo Guayama”. Una de sus últimas creaciones es un cuento, “Un globo para el nono”, relato impregnado de nostalgia, envuelto en sueños, acorde con la condición de nieto de italianos. 

Desde Buenos Aires, el escritor lujanino Rodolfo Braceli, escribió: “Fue un escritor y un hacedor, un habitante en el más pleno sentido de la palabra. Cuando abandonó el sacerdocio en realidad empezó a ejercerlo con más hondura, afrontando los peligros que anidan en ‘la realidad’. Junto a otros curas comprometidos con el arduo y verdadero evangelio, suplantó el cómodo olor a incienso con el muy humano olor a intemperie”.

Rodeado el féretro de su esposa, la profesora Esther Sánchez, sus hijos Ignacio y Gabriel (Andrés, el tercero de los vástagos, reside en EEUU), sus cinco nietos, sobrinos, amigos y vecinos, se lo despidió con emoción. Deja una estela de solidaridad y compromiso que no se olvidará, como lo rescató su cuñada, Ivonne Solari, en una improvisada como sentida despedida. 

Fuente: Diario Los Andes


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