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El último primer día, la “moda” de los chicos de 5to. año

Esta nueva “tradición” se ha extendido por toda la provincia entre los estudiantes del último año del secundario.

El último primer día, polémica “moda” de los chicos  de 5to. año

Música, baile, comida y bebida, los condimentos que no deben faltar en el festejo.

Mañana, miles de alumnos mendocinos retornarán a las aulas en el inicio de un nuevo ciclo lectivo. Pero este no será un día más para aquellos que comenzarán las clases en el secundario por última vez.

Los alumnos de los últimos años (quinto y sexto) empiezan a transitar un camino que seguramente será inolvidable. Con muchas actividades como la presentación de campera o buzos de promoción, cena y viaje de egresados y, desde hace tres o cuatro años, se sumó el UPD, que es como los chicos le dicen al Último Primer Día.


Esta novel actividad, según la definen los propios alumnos, es “una fiesta que se realiza una noche antes del primer día de clases, que consta de una reunión donde se pone música, luces, hay comida y se toma alcohol, con todos los compañeros de curso, y también se pueden incluir de otras escuelas”. 

En primera persona

Para contar sobre experiencia, los chicos pidieron explícitamente que sus nombres y el de sus colegios no sean mencionados, para evitar cualquier tipo de inconveniente. Por tal motivo, algunas identidades han sido modificadas.

“Por lo que yo sé, no es algo que se haga hace mucho tiempo, a lo sumo hace tres años. Mi hermano egresó hace tres años y no lo hizo”, comentó Chiara, una estudiante de quinto año de Maipú. “Esto es algo relativamente nuevo, algunos padres no sabían que se hacía esto”, sostuvo Brisa, también alumna del mismo departamento.

Esta es una tradición que se extiende por los establecimientos educativos de toda la provincia.  

Mateo (18), un alumno de un colegio de Ciudad que vivió su UPD en 2018, contó que en su caso se reunieron dos cursos para el festejo. “Nos juntamos cerca de la medianoche en la casa de uno de los chicos en Chacras de Coria y cada uno llevó el alcohol que iba a consumir. Durante la noche hicimos juegos, escuchamos música, bailamos y charlamos. Para ir al colegio contratamos un micro y fuimos todos juntos”.

El joven capitalino aseguró que desde el colegio “saben que vamos a hacer ese tipo de fiestas, lo único que nos pidieron es que las cosas no se fueran de control”.

Ana (18), una egresada 2018 de una escuela de Rivadavia, contó cómo fue la experiencia en el Este provincial: “Alquilamos un salón, y allí nos reunimos todo el curso. Luego de cenar, pusimos música y pasamos un tiempo en los juegos que tenía el lugar. Después empezamos a tomar algunos tragos que habíamos preparado, era como una ‘previa larga’. Así pasamos la noche hasta que llegó la hora de ir a clases. Nos fuimos todos juntos caminando hasta el colegio”.  

La joven agregó: “cuando llegamos no nos dijeron nada sobre el estado de ebriedad que teníamos porque intentábamos disimular, pero durante la mañana algunos se quedaron dormidos en los bancos o los retiraron de clases”.

Sobre los UPD de este año, Los Andes habló con estudiantes de distintos establecimientos. En todos los casos hay un punto en común: la ausencia de adultos responsables que supervisen la conducta de los jóvenes.

Franco, alumno de un colegio del microcentro mendocino, dijo: “Para nosotros el UPD es despedir nuestro último primer día con todos tus compañeros, divertirnos un rato y llegar al colegio todos juntos. Somos dos cursos y hemos alquilado un salón y transporte para que nos lleven cuando se haga la hora de ingresar a clases”. 

Juntos en una finca

María, una estudiante de quinto año de un establecimiento de Rivadavia dijo que con su curso también han contratado un salón de eventos para la celebración. “Nosotros nos juntamos la noche anterior alrededor de la medianoche, después de cenar. La idea es pasar ahí toda la noche hasta que sea el horario de entrar a clases”, apuntó la adolescente. “Tenemos pensado poner música, luces y aprovechar los juegos, como castillos inflables que tiene el lugar. Además hemos decidido hacer unas remeras para ir todos iguales a la escuela”, agregó María.

Siguiendo en la zona Este, Sofía, alumna de quinto año de un colegio de Junín, contó a Los Andes que en su curso se han unido a otro de una escuela de Rivadavia para celebrar su UPD. “Nos vamos a reunir en una finca, ya tenemos todo planeado, las luces, el sonido, bebidas y alimentos”.

La situación de reunirse entre varios establecimientos es muy común en los festejos de UPD, Chiara, de Maipú contó que junto a sus compañeros van a hacer el último primer día con otros cuatro cursos de distintas escuelas del departamento. “Nuestro UPD va a ser interesante porque al ser varias instituciones, quizás vamos a compartir el momento con gente que nunca antes habíamos visto. Pero también hay compañeros que por esa misma razón han decidido no asistir, eso depende de cada persona”. Además reflexionó sobre el momento de alegría que viven los jóvenes y dijo: “Es un momento para disfrutarlo y pasarla bien, pero siempre dentro de los límites razonables. Tenemos la conciencia de saber cuándo llegamos al límite, para parar y poder estar bien para ir al colegio al otro día”. 

Escuelas y familias, al tanto

Desde la Dirección General de Escuelas, Emilio Moreno, director de Educación Secundaria, aseguró que están al tanto de la situación, pero que también “son actividades que se desarrollan fuera de las instituciones, y por lo tanto, la responsabilidad es de los padres y los jóvenes”.

Moreno aportó como ejemplo que hay escuelas que preparan festejos especiales para los alumnos de quinto año dentro de la institución con actividades recreativas y “siempre dentro de las normas”.

Como sucede en distintas celebraciones que realizan los estudiantes, las escuelas y la DGE intentan buscar el equilibrio entre la diversión de los jóvenes y corrección con la que los chicos deben asistir a los establecimientos.

Hugo Martín, delegado regional en la zona Este de Dirección General de Escuelas, contó a Los Andes que “siempre se ha intentado estar muy cerca de los alumnos, como en el caso de las presentaciones de camperas”. El funcionario agregó que lo que se busca es “que los chicos hagan estas actividades porque se divierten y generan recuerdos que quedarán para toda la vida, pero también, y esto es fundamental, que tengan el asesoramiento y el cuidado de las escuelas y las familias”.

En este sentido, todos los estudiantes entrevistados por Los Andes coincidieron que sus padres están al tanto del festejo del UPD. “Nuestros padres saben que nos juntamos y entienden que es un gran momento y confían en nosotros”, aseguró Franco. En tanto que Chiara, destacó que la confianza de cada padre es punto fundamental: “Desde mi familia saben lo que hacemos y cómo nos vamos a manejar, saben que vamos a tomar alcohol, pero confían en que no nos vamos a presentar en un mal estado al colegio”.

Sobre el conocimiento de las actividades de los alumnos en el UPD por parte del personal de las escuelas, el panorama es dispar. Por caso, María y Franco coinciden en que desde su colegio no han recibido advertencias. En cambio Sofía comentó que en la institución conocen del festejo y que “nos han dado las libertades que nosotros queramos, solo nos advirtieron que si a causa del UPD ocurre algún desliz a causa del alcohol o consideran que tenemos poco rendimiento al otro día, las próximas ‘promos’ no tendrán la oportunidad de festejar”.  

En su turno, Chiara sostuvo que “desde colegio saben, y la directora no nos ha advertido directamente en esta ocasión, pero el año pasado ya nos dijo cuáles son las condiciones en las que tenemos que entrar al colegio, que no podemos ingresar con botellas de alcohol. Nosotros somos conscientes y lo tenemos claro como alumnos de que para este año son las mismas condiciones al momento de ingresar”.

En tanto que Emilio Moreno agregó que en caso de que los alumnos lleguen en estado de ebriedad a las instituciones educativas, “se actúa como en cualquier otro día, se llama al servicio de emergencia y se llama a los padres. Cuando llega el personal médico y revisa al chico y determina cuál es su estado y se decide qué hacer”.

Sobre la sanción que le cabe a los alumnos que cometan esta falta, el funcionario afirmó que “se juzgará bajo normativa vigente en las escuelas, y dependiendo de si se la considera una falta leve, moderada o grave, se les descontarán puntos del Índice de Convivencia Escolar (ICE)”.

Para finalizar, Moreno agregó que “habría que llamar a la reflexión a los chicos y a los padres para que se realicen estos festejos, pero siempre dentro de las normas”.
 

Preparativos con varias semanas de anticipación

Siempre siguiendo el relato de los estudiantes, los preparativos comienzan con algunas semanas de anticipación.

Todo tiene que estar listo para la noche anterior al primer día de clases, en este caso para el 5 de marzo (hoy).

Luego de decidir en qué lugar será el festejo, los chicos aportan un cierto monto para costear los gastos de alquiler del lugar, decoración, bebidas, alimentos y otras compras eventuales.

Algunos cursos suman una remera, que la pueden hacer ellos mismos reciclando alguna de su vestuario.

En cada curso se designan a responsables de la recolección del dinero, de las compras, de la decoración, y de la contratación del salón y transporte en caso de ser necesario.

Luego de pasar la noche todos juntos, bailar, comer y beber los alumnos acuden a las aulas para comenzar a vivir su último año en el secundario.

Fuente: Diario Los Andes


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