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El giro en la vida de un profesor venezolano

Por Nico Salcedo.

“En Venezuela gobierna el diablo”, me dijo Vicente Bonachera*, un profesor de artes pláticas con una reconocida trayectoria en la cultura venezolana.

El bohemio y talentoso escultor de madera, hoy a sus sesenta y pico de años se encuentra sobreviviendo en las históricas calles del barrio Getsemaní de Cartagena de Indias en Colombia.

Solo, sin familia ni amigos, casi en el olvido de la mecánica del mundo actual, con sus pelos de barba y cabeza largos y grises, y su simpática sonrisa carente de dientes. Su ropa es vieja y sin mucho color, sus botas y huesos están gastados y cansados de tanto andar, lleva lo puesto y algunas hermosas esculturas de madera en su morral que a duras penas logra vender a los turistas, dentro de la ciudad amurallada.


En el verano de 2018 en una vieja casa del barrio Getsemaní, hoy hecha hostel, con el cartel de ser el mas económico pero lóbrego de la zona, compartí habitación con Vicente, mis amigos y algunas otras vidas. “El viejito”, como le decía una piba colombiana en la pieza, me contó con mucha melancolía su historia.

En su juventud se graduó como profesor de artes plásticas y comenzó a desplegar su pasión dedicando toda su vida a su trabajo, no tuvo esposa ni hijos.

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Se desenvolvió como educador en distintas instituciones de Caracas y Venezuela, a la par que trasladaba todo su talento a la madera que en el futuro brillaría en las galerías de arte de toda la república bolivariana.

Tuvo trabajo de lo que ama, una casa, su propio taller, exposiciones en galerías, reconocimientos de entidades y universidades, se codeó con grandes celebridades del ambiente, todo o gran parte de lo que imaginó de chico cuando en su país se podía soñar.

Hoy pasa sus días recorriendo la ciudad amurallada intentando vender sus obras a precios casi regalados, pretendiendo sacar algunos pesos que le permitan pagar la noche del hostel y poder sentarse a tomar una sopa de pescado en algún comedor de la zona, casi su única comida del día que acompaña con su pipa y su infaltable tabaco.

Deambula por las calles y pasillos de Cartagena, respirando aire de mar y esperanza, anhelando poder volver un día a su tierra, porque según dice Vicente Bonachera, «en Venezuela hoy, gobierna el diablo«.

*El nombre de Vicente Bonachera fue cambiado por uno ficticio para resguardar su intimidad.


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