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El dólar vuelve a ser protagonista de una campaña electoral.

¿Cuánto dura la paz cambiaria?: con la cotización debajo de $43, surge crítica al «dólar electoral».

La situación económica se fue alineando a favor de las aspiraciones de la Casa Rosada. Todo comenzó con la estabilización del tipo de cambio -a partir del guiño del FMI que habilitó al Banco Central a utilizar reservas para intervenir en el mercado y evitar así un nuevo salto disruptivo del dólar-, pero no fue lo único que cambió.

El escenario internacional, que había sido agresivo contra el país (y el resto de los mercados emergentes), se dio vuelta y ahora juega a favor de la paz cambiaria. La «buena onda» se esparció por otras variables. Algunas financieras, como el descenso del Riesgo País o la rebaja de las tasas de interés, y otras políticas: la mejora del oficialismo en las encuestas y el acuerdo con Europa, en el marco del siempre amable G20.

Existe, sin embargo, una contracara de esta faceta de «amor y paz». Un lado B del que se habla poco, en voz baja, pero que va ganando en intensidad en los corrillos económicos y financieros.


Concretamente: la probabilidad de que este esquema pacífico -que de por sí luce precario, prendido con alfileres- termine de manera abrupta. Que haya un nuevo sobresalto que retorne la situación a foja cero.

La mirada de los economistas y los bancos de inversión se posa en lo que vaya a suceder con el precio del dólar, sobre todo luego de las últimas jornadas en las que la cotización registró nuevas caídas nominales que llevaron al billete por debajo de los $43. Esto, incluso, hizo que algunos expertos comenzaran a pedir algún tipo de intervención gubernamental para frenar el retroceso.

La estabilidad ganada fue trabajosamente buscada por el Gobierno. Lo explicitó Guido Sandleris apenas asumió en el Banco Central, al plantear un plan consensuado con el Fondo Monetario Internacional en base a un esquema muy duro basado, en un histórico apretón monetario.

Rubinstein es un reconocido economista y piensa que, así como está, el tipo de cambio que luce competitivo y valora que algunos de los desequilibrios de antes ya se emparcharon, como el déficit de cuenta corriente. Y se suma a los que creen que el BCRA podría ponerle un piso comprando billetes verdes en el mercado para evitar un atraso.

Son recién los primeros pasos de un debate que amenaza con crecer y ocupar el centro de la campaña electoral. Por lo pronto, ya los economistas afines al kirchnerismo han acusado al Gobierno de estar «planchando» al dólar por una mera estrategia electoral. No les faltan argumentos, como tampoco les faltaban a los economistas macristas en 2015 cuando denunciaban que el dólar a $10 era artificial y que sólo se sostenía por el «cepo» y las controversiales ventas de dólar a futuro.

Ahora, igual que en 2015, la oposición insinúa que será inexorable una devaluación luego del traspaso de mando.



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