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El cáncer, un camino que hay que recorrer

En el mes de la prevención del cáncer de mama, acercamos el relato de vida de Josefa Iúdica, una mujer como tantas otras, que ha recorrido con entereza las vicisitudes de la enfermedad. Hoy cuenta cómo fue esa etapa y cómo cambió su vida, para ser testigo de una historia que inspira a fortalecer los lazos de amor y de vida.

por Josefa Iúdica

Deseo compartir mi experiencia. Un caluroso día en Diciembre de 1993, mi madre, que en ese momento tenía 77 años, al  realizarse los estudios de rutina, nos sorprende, con la  manifestación  en la mama derecha de un nódulo de incierta formación. Por tal motivo debe operarse de inmediato, se extrajo el nódulo; en consecuencia el Ganglio Centinela.

Para aclarar: “su función consiste en controlar la temperatura corporal, al extraerse la persona en general siente frío. En adelante la precaución que requiere una intervención quirúrgica. El siguiente paso fue el tratamiento oncológico que lo llevó adelante la Dra. Masseto, excelente persona. Le indicó el procedimiento a seguir y durante un año la controló una vez al mes; yo era quien la trasladaba y la esperaba en las sesiones de radioterapia,  la continuación del tratamiento se realiza mediante la administración de la droga tamoxifeno durante 5 años, pasado ese tiempo se suspendió la medicación.


Agripina, que así se llamaba mi madre, vivió apaciblemente hasta los 91 años, momento en que nos dejaba, lo que para nosotros fue, un ángel de la paz. Todos sufrimos mucho; mis hermanas, sus yernos y entre sus nietos; e inclusive mi hija Lilia, la preferida, cuya ausencia la dejó muy dolida. Nos brindaba un cariño muy especial, mis recuerdos son, que en el momento de la partida de mi padre, su compañero durante 66 años, su dolor fue muy fuerte. No sólo compartieron vida, sino sentimientos, alegrías, penas … será por eso que al acostarse todas las noches  rezaban juntos un Padrenuestro. Mi corazón me susurra que fueron un canto a la vida, por esta razón agradezco haber compartido tantos momentos bellos.

Con este antecedente, yo realizaba todos los estudios de mama anualmente, en tiempo y forma; fui muy cuidadosa con mi salud. Fue en el año 2011  cuando me realizo la mamografia y el especialista me indicó una consulta urgente con el Doctor Fernando Gago. Asistí a la consulta, al ver los estudios con toda sinceridad sus palabras fueron: “disculpame que sea tan duro lo que voy a decirte; hay extirpar la mama izquierda completa, debo practicar una mastectomía e incluir el ganglio Centinela”. Mi esposo y yo, salimos del consultorio sin palabras, tomamos un café y nos mantuvimos en silencio.

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El doctor con todo su respeto y cordialidad programó la cirugía, inmediatamente, en el Hospital Italiano para el día 20 de Diciembre. La operación duró 2 horas. Me cubrieron todo el pecho, no recuerdo la cantidad de puntos, los veía  en la axila y el brazo, me colocaron vendas y apósitos y sobre ellas 2 vendas elásticas de 15 cm. cada una. En pleno verano con calor este vendaje me molestaba en demasía. Aún así, mi sentimiento era de protección, estuve de este modo durante 8 días, sin poder moverme, me mantuve con el brazo en alto sobre el pecho; indudablemente con calmantes y antibióticos. La enfermera Roxana me atendió con mucha dedicación.  Me realizaban curaciones y limpieza en forma permanente, hasta el momento en que me retiraron los apósitos.

Mis sentimientos fluyeron desde el instante en que vi la herida:  me sentí mutilada; en un primer paso estuve en estado shock, pasé por la rabia conmigo misma, llegando a la tristeza más profunda. Mis hijos y mi esposo se mantuvieron en forma permanente a mi lado, me alentaron, me contuvieron, me acompañaron y hacia ellos no tengo palabras más que de agradecimiento. Bernardo fue quien realizaba mis curaciones a medida que la herida iba cicatrizando. ¡Nada más y nada menos me iluminaron! Sí, fueron días muy difíciles, transitábamos la Navidad, poco a poco comencé a recuperarme con el apoyo de mi terapeuta, la Dra. Juri, que me asistió en este proceso.

Empezó una nueva vida para mi. Hoy sostengo: …»el cáncer es un camino que hay que recorrer” … “el enemigo a vencer es el miedo y tampoco es significado de muerte”. Mi experiencia fue fuerte, pero con los avances que hoy contamos se salvan muchas vidas. La Fundación del Dr. Gago y todos los especialistas que lo acompañan son incondicionales.

Mi reflexión final y personal es levantarme cada mañana con renovadas esperanzas, tener presente proyectos a corto plazo y maravillarme pensando en los que me quieren bien.

Deseo vivir el aquí y ahora con ánimo.

La vida da y toma.

Dios me ha regalado  un espléndido camino.

¡He conocido hermosas personas que me acompañaron siempre en las alegrías y en el dolor, también!

Gracias a mis hijos he encontrado el sentido de la vida, soy inmensamente feliz con todo lo transitado.

El desafío del cáncer es diario, nuestra actitud es la que marca la diferencia, dar un paso más y … otro más.

Agradezco a todos los que me han animado a escribir esta experiencia de vida porque yo encontré en cada cruce un camino de estrellas.  

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