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Contala como quieras: Una cárcel abierta a las expresiones que liberan

El arte y la palabra vuelven a ocupar un punto clave en el camino de reintegración social de los internos alojados en la Unidad Penal VI de Jóvenes Adultos de San Felipe. En Mendoza, hasta lanzaron su propia revista, «Contala como querás». 

Primero un muro elevado en piedras encastradas hace más de un siglo, luego seis puertas, ocho candados, nueve guardias como mínimo, mil barrotes y tejidos coronados en púas infinitas. Después, una vez atravesado el laberinto se abre el pabellón y los sueños escapan amontonados, envueltos en cada uno de los ciento ochenta pibes alojados allí, en la arena donde combaten diariamente las culpas, los arrepentimientos y las palomas del pensamiento que nadie podrá encarcelar jamás. 

Tres módulos cargados de juventud son, desde hace un tiempo, la materia sin exámen final que asumieron y abordan seriamente los profesionales, docentes y miembros del Servicio Penitenciario en general. Todos observando el futuro construído desde el presente, transformándolo. Los tratamientos son amplios y tienen sus exigencias en cada área de trabajo. Por ello merecen salir a la luz Marcelo García (Director de la Unidad), Lorena Perez Botti, Valeria Spinelli, Bruno Fabri, acaso el DT de los muchachos, Laura Ponce, Cristian Garcia y Edgardo Hernández (sub. Director de la Unidad). 


Es el mísmo Hernández quien, tras duros años de puja carcelaria en búsqueda de mejoras dentro del Régimen Progresivo de la Pena, incluyendo  deseos antiguos de transformaciones para el actuar de los penitenciarios en el trato hacia los internos y demás, hoy celebra esta nueva etapa con creces satisfactorias. Para él, que viene de la camada dura de celadores, esto es un logro tremendo. Lo dice a viva voz. Los muchachos no quieren volver a estar presos, escriben, pintan, actúan, componen canciones, rapean, van a la escuela, algunos ya terminan la secundaria y quieren ingresar a la universidad.

Ahí está lo que no solamente celebra Hernández sino todo el equipo de tratamiento. Ahora también producen una revista. Nada sobra, todo sirve en esta página digna de ser conocida. Ya entrevistaron a figuras del deporte local como Pablo Chacón y el «Cotón» Reveco. En dichas entrevistas jugaron su papel periodístico siete internos. Valió la pena. Ahí nomás, sobre la marcha, lo mísmo hicieron con los veteranos de Malvinas, con Romina Cucchi de la Dirección de Derechos Humanos y siguieron.

Se jugaron un picado con la primera del Deportivo Maipú, se coparon con un taller de murga, pintaron un mural, se animaron a un taller de expresión visual y a otro de entrenamiento de habilidades sociales desde el teatro, juegan con el humor, se abrazaron a un encuentro de rock, participaron del 2° Foro de Bienestar en Contexto de Encierro, interactuaron con narradores de toda sudamérica y la lista de actividades es extensa. Nada mal para un arte que salva y libera dentro de la prisión ya ajena de presiones. Solo la voluntad propia les basta.

«Entre piedras mi vida camina/ Entre las rejas mis sueños se esconden/ Entre la gente a nosotros nos marginan», así escribe Ismael, un jovencito menor de veintiuno. La literatura también juega su carta en esta contienda. Al equipo se sumó un conocido trabador de la poesía que actúa como eje articulador entre los internos y el camino adecuado hacia la libertad. Lucio Albirosa emprendió nuevamente Literatura en Alas dentro de los módulos y los muchachos reciben una especie de indulto a todo error.

Es que la expresión, sin dudas, los exime de una cuóta más que importante con la justicia: subsanar la enmienda con la sociedad y también curarse con ellos mismos. Hacer poesía en estos lugares es sembrar una flor en el sitio del olvido. La docente y escritora Viviana Baldo (foto) también se sumó al amplio grupo de adherentes al proyecto.

Francisco Crescini (psicólogo) y Gabriel Pelegrina (coordinador) aseveran desde la editorial que, la revista es una herramienta de comunicación y ha permitido la creación de espacios de trabajos grupales donde suman experiencia y el conocimiento de nuevos aprendizajes articulados con tareas y estas se transforman en nuevos vínculos con los distintos actores que se suman al proyecto, involucrados totalmente al comprender una nueva política penitenciaria, desde el arte, sumamente rica y esperanzadora cuyo fin apunta a que los jóvenes aprendan a valorar la libertad en toda su entereza y así no vuelvan a delinquir.

Existe un lazo firme entre el adentro y el afuera que enriquece la convivencia y las miradas sobre el contexto. Hay trabajo en la palabra y la imagen nos ocupa y nos acerca algo muy importante del ser humano: la fantasía que es puramente humana. Así lo definen ellos.
En Mendoza, con los ejemplos ya citados, la cárcel pasa a convertirse en un constructo de resocialización. El rumbo es claro. La luz está allí y merece ser vista.


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