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¿Cómo somos padres?

En estos momentos ser padres o madres es una tarea muy satisfactoria que conlleva múltiples matices, y en la que nos vemos atravesando situaciones difíciles.

por Lic. Paola Alonso. Especialista en Psicología Clínica. paoalonsomartinez@hotmail.com

En este momento tan especial de la historia, en medio de esta pandemia, que nos ha llevado a confinarnos en nuestros hogares, nos ha dado la posibilidad de estar mas tiempo con nuestros hijos, compartir tareas, espacios, juegos que en el otro momento por las actividades y responsabilidades de todos los miembros de la familia muchas veces no se podía o no nos dábamos el espacio y tiempo para hacerlo.

Y en este contexto, considero que se nos abre una posibilidad para repensarnos en nuestro rol de padre, madre, cuidadora. Como somos a la hora de realizar esta función, que recursos tenemos, que dificultades tenemos, en que ocasiones no sabemos cómo actual.

En general los padres, madres o quienes se encuentren en su lugar, pretendemos ser correctos con nuestros hijos, cumplir adecuadamente con nuestro rol y realizar acertadamente nuestras funciones parentales. Ser padre o madre lleva por momentos a vivir altos niveles de satisfacción, pero también existen niveles de tensión y sufrimiento, experiencias que generan frustración, renuncias e insatisfacciones. (Cápana y Ubach, 2013)

Sin duda la tarea es complicada, no sirve la improvisación y se requiere en muchas oportunidades de destrezas específicas para afrontar los desafíos. De haber recibido algún tipo de ayuda en momentos de duda, confusión, angustia ¿Qué y cuántas cosas podrían haber sido hecho de otra manera?

 En este momento histórico y cultural ser padre y madre, nos coloca a las personas frente a una gran responsabilidad y nos enfrenta a un gran desafío: la responsabilidad sin duda, es la de educar, interviniendo, guiando, orientando, influyendo, mostrando, posibilitando, con el objetivo de potenciar y optimizar el desarrollo y madurez, y generar las condiciones indispensables para el desarrollo saludable de los niños, niñas y adolescentes.

Si bien los padres somos los primeros responsables de la educación de nuestros hijos es claro que no es dominio exclusivo de ellos el guiar, influir y educar a sus hijos, es una tarea compartida, con distintos grupos o entidades sociales, como la escuela, el club, los medios de comunicación, los amigos, entre otros.

Vivimos en una sociedad donde se producen cambios a un ritmo vertiginoso, con transformaciones científicas, comunicacionales, tecnológicas y en dónde (aquí viene el desafío) los estilos educativos parentales, o sea la forma en que ejercemos nuestra parentalidad y las formas de relación adulto-niño/adolescente con la que fuimos educados los adultos en nuestra infancia y adolescencia se encuentran, obsoletas, en franca declinación, ya no les sirven para educar a sus hijos.

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En este sentido, ser padres es una tarea que se encuentra en permanente transformación, producto de cambios temporales, histórico-sociales y evolutivos a medida que cambia la edad de los padres y de los hijos. No es lo mismo ser padres en las décadas, 70, 80, donde posiblemente hayan sido educados desde otro paradigma, en donde el niño/adolescente era visto como objeto, que debía cumplir con su educación, ser obediente, dependiente y servil, que en la forma en se educa en el presente.

Hoy la forma de relacionarse entre padres e hijos claramente es otra, el lugar, la consideración que se tiene por el niño y el adolescente en nuestra sociedad ha cambiado, la principal dificultad que se les presenta a los padres, a la hora de ejercer las funciones parentales, es desde que estilo educativo parental se relacionan con su hijo/a.

Preguntas clave

¿Cómo educar?

¿El estilo de padres que hemos interiorizado en la infancia y adolescencia se encuentra en consonancia con los tiempos que corren?

¿Se encuentra acorde a las necesidades de su hijo/a?

¿Qué cosas deberíamos tener en cuenta?

Es allí donde, nos encontramos entonces y sólo a modo de ejemplo, con algunos padres y madres con un estilo educativo con características rígidas, inflexibles, alejado de las necesidades de los chicos, autoritario.

Otros padres y madres que han resignado del ejercicio de sus funciones parentales, han renunciado al ejercicio de la autoridad, del rol protagónico que todo padre y madre debería tener en la educación de sus hijos, ejerciendo una disciplina “light” o “diluida”. Son adultos que ejercen sus funciones desde un estilo educativo permisivo o negligente, contemplativo y por momentos pasivo.

La cuestión vital en este momento es la de ayudar a los padres y madres a encontrar una forma adecuada de relacionarse y educar a sus hijos, un estilo educativo que acompase los tiempos que corren, intentando adaptarse y adoptar una forma que contemple las características y las necesidades de los niños y adolescentes, teniendo como parte central del modelo el ser afectuoso, respetuoso, tolerante, posibilitando el diálogo que aporte a la construcción, sin dejar de considerar la importancia que tienen los límites en la constitución del individuo y de las relaciones familiares/sociales. Siendo este equilibrio también una tarea difícil y un gran desafía para quienes ejercemos la parentalidad.

El rol de la familia

La familia es el primer agente socializador para el individuo es el ámbito en el que la persona llega a este mundo, se muestra a los demás y en él se forma, es el lugar más influyente en la construcción de la personalidad y en el proceso de socialización. Se aprende entonces acerca del mundo en que vivimos, cómo son las relaciones entre las personas y se comienza a formar un sistema de valores personales y una identidad propia. La familia resulta en buena parte responsable de la estabilidad emocional de sus integrantes, tanto en la niñez como en la etapa adulta.

La actuación de las madres y los padres en la crianza y educación de la infancia tiene un rol central y que es una tarea sumamente importante, aunque muy complicada, para la que los padres no llegan preparados y además no reciben una formación.

Las familias necesitan de una orientación, asesoramiento o entrenamiento en alguna etapa del ciclo evolutivo de sus hijos e hijas, ya sea por problemas considerados menores o por grandes dificultades que puedan surgir.

Es en ese marco que tiene sentido la formación de padres, se puede mejorar el desempeño de los adultos en su quehacer cotidiano, permitiendo el mejor desarrollo físico, psicológico y social de niños y adolescentes.

Generar y participar en espacios de reflexión que posibiliten repensarnos como padres, en nuestras prácticas cotidianas, pueden mejorar nuestras habilidades parentales y de esa manera potenciar el desarrollo de nuestros hijos.

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