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Cada vez más son más los chicos que asisten a comedores

Luego de los datos del Indec que reveló que más de 380 mil mendocinos son pobres, el Gobierno y la Iglesia reconocieron que el número es alarmante. Las organizaciones sociales admitieron que la demanda de alimento es cada vez mayor.

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Los índices de pobreza alcanzados en Mendoza se reflejan en forma directa en la cantidad de niños y adultos mayores que concurren a merenderos y comedores comunitarios a recibir un plato de comida. En algunos casos, la demanda de alimentos es de hasta 7 veces más que la registrada en 2018.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) difundidos este lunes, la pobreza en el Gran Mendoza llegó al 37,6% de los mendocinos en el primer semestre de 2019. Superando en dos puntos el promedio nacional y registrando un incremento de 9,7 puntos interanual. Cabe señalar que la medición no toma otros núcleos poblacionales, como el del Sur provincial, Valle de Uco o Este. 

Sin sorpresas

Tanto para el Gobierno como para los referentes de asociaciones comunitarias, los números no sorprendieron y son consecuencia de la inflación, la suba de alimentos y la crisis generalizada que atraviesa el país.


«Son datos que a nadie le gusta», reconoció el subsecretario de Desarrollo Social de Mendoza, Alejandro Verón, quien sostuvo que «Mendoza no es una isla» y que no escapa a la realidad nacional.

Sin embargo, aclaró que  desde su área el año pasado plantearon al Ejecutivo  la importancia de tomar las precauciones necesarias en función de la posibilidad de que se profundizara esta situación. De esta forma se aumentó en más de 40% la partida de Desarrollo Social. «Se invierten 980 millones en plan alimentario», dijo.

Y agregó que se están usando todas las herramienta que tiene el estado para combatirla. «Se destinan 745 millones para escuelas donde se entregan más de 280 mil raciones de comida por día», contó y aclaró que en comedores se invierte 245 millones de pesos. Lo que representa un aumento del 100% con respecto al presupuesto del año 2018″.

Desde el Banco de Alimentos, Alejandra Goldsack, ex presidenta y referente del organismo, consideró que la crisis «se llevó puesto a todos y se viene duro». Actualmente asisten a 84 organizaciones que abarcan a 32.000 personas a diario. De estos, el 80% son niños. Además, tienen a 20 ONG en lista de espera.

«A principio de año cada comedor presenta una nómina con nombre, edad y DNI de la gente que ayudan y cuando tienen cambios nos avisan. Estos números han saltado de 100 a 200 personas. Sumado a los que van con su plato a pedir comida», detalló.

Pese a que clasifican más de 100.000 kilos de alimentos que son donados por mes, lo que representa un récord, «no alcanza porque es demasiada la demanda. El hambre existe y te das cuenta con sólo salir a recorrer», dijo.

Asimismo, desde Cáritas, donde se asisten a 7.300 familias, David Masman asumió que la cara de la pobreza la conocen hace años. «Sin embargo, ahora la situación se tomó más urgente. Hoy se presentan nuevos rostros con zonas más vulnerables y con personas que perdieron su trabajo. Además de asistir mujeres a pedir ayuda, ahora también llegan varones«, dijo.

El sacerdote apuntó a la importancia de capacitar a la gente para que tenga un trabajo digno e hizo hincapié en las donaciones de ropa y alimento para así tenderles una mano rápida.

Bajo la misma órbita, Marcelo De Benedictis, vocero del Arzobispado de Mendoza, apuntó al hecho de que la problemática es estructural y que afecta principalmente a los niños y a los ancianos. «En alguna parte estamos haciendo agua y los que están en juego son las personas. Esta tendencia es creciente», analizó.

«Los chicos vienen cada vez con más hambre»

Los comedores y merenderos comunitarios son el termómetro de la realidad. Cada vez son más las familias que acuden a estos espacios para garantizar que sus hijos reciban una taza de leche o un plato de comida.

Ivana Alonso, una de las colaboradoras del comedor «Pancitas llenas» que funciona desde hace seis meses, en la Triple Frontera del lado de Maipú, indicó que comenzaron asistiendo a unas 35 personas de todas las edades y hoy son 250 que llegan de Godoy Cruz, Luján y Maipú.

«Los chicos vienen cada vez con más hambre y es importante aclarar que no recibimos ninguna ayuda del Gobierno», refirió. Así,  los martes, jueves y sábados dan almuerzos gracias a las donaciones que reciben de vecinos, pero también de colectas de colegios privados y empresas.

En tanto, Fernanda Tapia del merendero «Luz de Esperanza» -de Rivadavia- estimó que 8 de cada 10 familias del barrio es pobre. El lugar se ubica en el barrio San Isidro conocido como el bajo matadero y de lunes a viernes le ofrece un vaso de leche a niños con necesidades alimenticias.

«En un año pasamos de recibir de 70 a 200 niños y ahora estamos viendo la posibilidad de abrir como comedor los días sábados», adelantó.

La misma situación se replica en «Manitos unidas» del distrito de Lunlunta, en Maipú, que fue creado por un grupo de vecinos hace un año y medio. Comenzaron con 12 niños y al día de hoy atienden a 60 personas, entre niños y ancianos.

Carlos Marón, referente del lugar, reconoció que si bien reciben ayuda del municipio, cada vez es más difícil alimentar a los chicos. «Los merenderos son un sostén para la comunidad, pero no son el futuro de los chicos«, sentenció.

Fuente: Diario El Sol


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